img_2838Poco se sabe acerca del rito de la paz, no porque la Iglesia no diga nada sobre ello, sino porque pocas veces nos cuestionamos sobre lo que hacemos o bien si lo estamos haciendo de forma correcta.

Hay una verdad contundente acerca de este momento en la misa y es que es que es preferible no hacerlo, a hacerlo “de cualquier manera”.

Tomaré la información de un documento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, dicho documento da las pautas para participar de este rito de la mejor forma y así moderar los abusos dentro de la liturgia evitando confusiones. “El tema tratado es importante (narra la carta circular). Si los fieles no comprenden y no demuestran vivir, en sus gestos rituales, el significado correcto del rito de la paz, se debilita el concepto cristiano de la paz y se ve afectada negativamente su misma fructuosa participación en la Eucaristía.”

Ofreceré 4 cosas que debemos evitar durante este momento.

[estilo e=”listado”]1[/estilo] La introducción de un “canto para la paz”, inexistente en el Rito romano.

Si bien es cierto que es un canto “bonito” digámoslo así, sea cual sea la letra, la melodía o el ritmo, es total y completamente anti-litúrgico por el hecho de que no existe en todo el misal romano una sola oración que acompañe el rito de la paz. Insertar dicho canto dentro de la celebración litúrgica, sabiendo que no debemos hacerlo, representa una gran desobediencia y una señal de que, de alguna forma, estamos respondiendo con soberbia y capricho a aquello que la Iglesia como madre amorosa y custodia de la Verdad nos invita a hacer (en este caso no hacer) para vivir de mejor forma la fe.

[estilo e=”listado”]2[/estilo] Los desplazamientos de los fieles para intercambiarse la paz.

No se en sus parroquias, pero en la que yo asisto (y en muchas de las que he acudido a participar en la santa misa), desde el momento en el que el sacerdote pronuncia las palabras “dense fraternalmente el saludo de paz”, se arma el relajo, parece que se invitó a hacer fiesta. Vemos a personas dando la paz con beso y abrazo incluido, los niños corriendo a dar la paz a todos o peor aún subiendo al presbiterio (lugar donde se encuentra el altar) a dar la paz al sacerdote, la gente estirándose por tal de dar la paz, señales extrañas para dar la paz al que está lejos, bueno en fin, se arma el escándalo. La congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos pide evitar esto. Y ofrecer al que está al frente y a los lados, un saludo sobrio.

[estilo e=”listado”]3[/estilo] El que el sacerdote abandone el altar para dar la paz a algunos fieles.

Curiosa, y tristemente, es una práctica común, incluso bajan, se centran frente al altar y se arma la fila de niños que le darán la paz, la realidad es que este acto y cualquiera que implique al sacerdote desplazándose del altar para dar la paz es un abuso para la liturgia, y de igual forma se debe evitar en la medida de lo posible.

Y me gustaría recordar un punto del Sacrosanctum Concilium “Por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia.” (SC 22).

[estilo e=”listado”]4[/estilo] Dar felicitaciones o condolencias al momento de la paz.

No es lícito que en algunas circunstancias, como la solemnidad de Pascua o de Navidad, o durante las celebraciones rituales, como el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, el Matrimonio, las sagradas Órdenes, las Profesiones religiosas o las Exequias, el darse la paz sea ocasión para felicitar o expresar condolencias entre los presentes.

La liturgia no es momento para expresar condolencias con quienes han perdido un ser querido, ni tampoco para felicitar algún logro humano, si bien la esencia de la liturgia es la alegría, esta no se expresa con gestos profanos sino con aquellos ya establecidos por la Santa Iglesia a quien se le ha dado todo poder y potestad de atar y desatar (Mt. 16, 19) no podemos hacer, con la liturgia, lo que nos venga en gana. ¿Por qué no reservar las condolencias y las felicitaciones para el final de la misa?

Decía el, en aquel entonces cardenal Joseph Ratzinger (hoy el papa emérito Benedicto XVI) “Donde quiera que estalle un aplauso en la liturgia por algún logro humano, es un signo seguro de que la esencia de la liturgia ha desaparecido totalmente y de que ha sido reemplazada por algún tipo de entretenimiento religioso.” (El espíritu de la liturgia). En este caso, quizá podríamos adaptarlo al post y diríamos que “donde quiera que estalle una felicitación o una condolencia en la liturgia por algún logro o pérdida humana, es signo seguro de que la esencia de la liturgia ha desaparecido totalmente…”

También es bueno saber que el rito es opcional y puede omitirse en ocasiones en las cuales tal intercambio no se produzca de una manera adecuada.

Cito nuevamente al documento en el que nos encontramos: “Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos”.

Me gustaría cerrar el post recordando que de ninguna forma es una crítica a las prácticas, sino una invitación a que ofrezcamos a Dios, por medio de la liturgia, un culto bien vivido, y a no olvidar la autoridad que tiene la Iglesia para decidir lo que es mejor para el pueblo de Dios (todos nosotros) y para su plena santificación, más allá de la subjetividad de cada uno de nosotros.
Me gusta repetir constantemente aquellas palabras tan sabias de Benedicto XVI en su libro Mi vida. Recuerdos (1927-1977) “Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende en gran parte del hundimiento de la liturgia”. ¿Porqué no colaborar con la Iglesia y vivir la liturgia de la mejor manera posible ¿o será acaso que somos más sabios que el magisterio de casi dos mil años que posee la Iglesia?

“En el trato que le demos a la liturgia se decide el destino de la fe y de la Iglesia”.  Benedicto XVI.