Ah! si entendiéramos el don de la vida, esa vida que no es el débil y efímero tiempo terrenal, sino la vida real, verdadera, bienaventurada, donde somos lo que somos potenciado al infinito por la visión de Dios, por el Reino de Dios que dominará los nuevos cielos y la nueva tierra.

Por nada tomo como vida lo que llaman “vida” los adictos al entretenimiento y a los placeres mundanos, que son simples sombras de los verdaderos placeres que tendremos. Porque resucitaremos no solo en Espíritu si no en un Cuerpo Espiritual, nos llevamos la carne y la transformaremos en un cuerpo incorruptible. Lo que ningún ojo vio y ningún oído escucho..

El Cielo no es el lugar estático de una luz cegadora que no nos dejará ver con claridad mientras contemplamos absortos en una eterna eternidad… la eternidad es la plenitud, del no-tiempo y el no-pecado, del siempre-Dios, del cuerpo y lo que soy potenciado por la divinidad que Cristo nos ha conseguido (a un costo divino)… aprenderemos, conoceremos, amáremos, seremos, haremos, pescaremos y construiremos, estudiaremos y preguntaremos, el cosmos entero tendremos entre las manos porque reinaremos junto con Cristo la creación entera… realmente será una tierra y un cielo nuevo.

Creo en la resurrección de la Carne -esa es nuestra Fe- Nuestra Fe es una Fe por la cuál vale la pena morir. No solo eso, sino que ya hoy los Cristianos en todo lo que vamos haciendo -ya en esta vida- todo viene preñado de eternidad, la belleza que contemplamos, el bien que hacemos, cuando elegimos el camino de Cristo y no el de Adán, lo que creamos; el arte y la música, lo que amamos; la arqueología o las olas; la música o el deporte; todo nos lo llevamos en la carne, a la nueva tierra y al nuevo cielo.

Nos llevamos puesto todo lo que hayamos ido realizando de verdad, de bien, de belleza en este mundo: “ya en este mundo, el ciento por uno, y luego la vida eterna”…

…Decir “la resurrección de la carne” preserva aún el misterio adicional de que cada realidad que nos ocurre ya desde ahora (y digo “realidad” para decir “verdad, belleza, bien” ) hace huella en nosotros, y resucita en nosotros y con nosotros. (1)

Dios amó lo concreto, Dios amó nuestra humanidad (tanto que adquirió nuestra naturaleza), Dios me ama a mi en concreto, y te ama a ti en concreto, no a una masa de personas anónimas… Dios nos ama en concreto y resucitaremos en concreto, esto que soy pero aún más… revestidos de la divinidad de Cristo, revestidos de la belleza, del amor, de la esperanza, de todo aquello que amé de verdad en este mundo y que será infinito en la tierra nueva y el cielo nuevo.

…cuando más humanos y particulares somos, más perfectamente nos vamos asemejando a Jesús, verdadero hombre, judío, no humano en general, Galileo, no de todos los lados al mismo tiempo, que murió bajo Poncio Pilatos, no en cualquier época, y resucitó al tercer día, y no todos los días.

Dios amó lo particular, por eso creó seres humanos que sólo se realizan por completo cuando son -y aceptan ser- sólo una parte: cuando un varón acepta que lo humano no lo hacen sólo los varones, cuando una mujer acepta que lo humano no lo realizan sólo las mujeres, cuando un intelectual acepta que para que el pueda ser intelectual otros dejan su vida en la lonja de pescado, y se van a ir al mismo cielo, cuando el pescadero acepta que algunos nacieron para leer… en fin, porque así será el cielo, creo y opino: infinidad de planetas, con infinidad de humanos realizando la multiforme variedad de las palabras humanas en un aleluya eterno que sonará como…. no sé cómo sonará, pero es lo único que desearía saber, todo lo demás lo trato de saber para saber eso. (2)

(1)(2): Abel Della Costa (eltestigofiel.org)