jmjPersonas levitando en éxtasis, monjes comiendo una hogaza de pan al día durante 40 años, monjas rezando 18 horas al día, sacerdotes peleando con el demonio, rechazando tentaciones y obrando milagros en vida. Algo así (quizá menos, quizá más) está como imagen de lo que es un Santo en el colectivo mental de los Católicos.

¿Que es la Santidad realmente? Solo existe un Ser Santo y ese es Dios. Solo el Dios trinitario es Santo y toda Santidad es y debe ser entonces una comunicación de la Santidad de Dios. Ser Santo no es HACER esto o aquello, ser Santo es transmitir la Santidad de Dios a través de nosotros. Si alguien es Santo es porque su ser y sus actos reflejan la Santidad de Dios.

Todos esos signos exteriores que se describen en el primer párrafo son solo eso, signos exteriores de un tipo específico de Santidad, son consecuencias, reflejos… más no es su esencia misma. No hay nada que imitar de lo externo de esas vidas, solo la disposición, la entrega y la fe, las cuales debemos buscar en nuestras circunstancias particulares. Cada persona es un camino único de Santidad porque cada vida es una relación única con Dios.

La Santidad no es un “destino” ni algo que se “alcanza”, es un camino que no acaba hasta nuestro último aliento, es caminar nuestra vida junto a Dios. La realidad es que la Santidad es algo sencillo, es hacer de Dios nuestro centro, no un dios conceptual, ni un dios legalista, ni un dios a nuestra medida, es dejarse transformar por el único Dios vivo, escucharlo, caminar junto a Él…

Por eso la Santidad no es un montón de preceptos, por eso no hay “un camino”, por eso la “vida de los Santos” es un buen entretenimiento, pero no es, ni jamás será un “manual”… porque la única manera de alcanzar la Santidad es si Dios nos da de la suya, y para ello Dios debe transformarnos en nuestra particular particularidad. Debe de enseñarnos en nuestra vida y sus circunstancias, mostrarnos su pensar, su caminar, sus proyectos, y nosotros debemos amar todo eso o rechazarlo, elegir su voluntad cada momento de nuestra vida o rechazarla, hacer de su amor nuestro amor, de su preocupación nuestra preocupación, de su guerra nuestra guerra, de su camino nuestro camino… ser Santo es hacer del único Santo nuestro centro, nuestra pasión y nuestro mayor anhelo.

Quizá jamás apareceremos en las hagiografías y nadie pedirá nuestra intercesión… pero estaremos seguros de que amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza… Dios se encargará de hacer grandes cosas si nos entregamos a Él, cosas imposibles, dignas de ser parte y reflejo de su infinita Santidad de la cuál todos estamos destinados a participar… si tan solo nos rindiéramos ante su grandeza, si dejáramos nuestra pequeña, débil, inconstante, ególatra y aburrida voluntad y nos dejáramos seducir y rendir por la apasionante, grandiosa, increíble, impredecible, desafiante, misteriosa, férrea, salvadora y amante voluntad de nuestro Dios.