Entonces Isaías dijo: Oíd ahora, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que también cansaréis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. 
Is 7,13–14

Los Cristianos conocen esta profecía. La usa Mateo (Mt 1,22) para anunciar la encarnación del Verbo en Jesucristo. Pero si seguimos leyendo el Evangelio y no leemos los capítulos de Isaías alrededor de la profecía, nos perdemos el poder de esas palabras.

El contexto histórico de las profecías de Isaías es la guerra que el reino del norte de Israel, en coalición con Damasco, le hacían a Judá (el reino del Sur). Recordemos que desde la muerte del rey Salomón, Israel se separó en dos reinos, el del norte —Israel— y el del sur —Judá—.

De Kingdoms_of_Israel_and_Judah_map_830.svg: *Oldtidens_Israel_&_Judea.svg: FinnWikiNoderivative work: Richardprins (talk)derivative work: Kordas (sínome!) – Kingdoms_of_Israel_and_Judah_map_830.svg, CC BY-SA 3.0, Enlace

Ajaz era el rey de Judá, y no solo se veía atacado por Damasco e Israel, sino que también sentía presión en su frontera sur por parte del reino de Edom y por el oeste de parte de los Filisteos. Era una nación rodeada. Así que se debatía el pedir ayuda al poder más grande de la zona: “Asiria”, aunque esto significaba pedir ayuda a una nación pagana e idólatra. Es en ese contexto histórico en la corte del rey Ajaz, que Isaías le pide que tenga fe en Dios. Que incluso pida una señal para que pruebe la presencia de Dios con su pueblo.

Ajaz rechaza con falsa piedad el pedir una señal y decide no confiar en Dios sino en el poder de Asiria. De ahí la historia se desenvuelve. 

Pero ahora leamos los versículos de las profecías y veamos cómo las promesas de Dios, que vienen cargadas siempre de historia y de presente-futuro, se ven más claras y en pleno cumplimiento en la venida de Jesucristo.

Dios a Ajaz:
«Estate alerta, y ten calma; no temas ni desmaye tu corazón ante estos dos cabos de tizones humeantes, a causa de la ira encendida de Rezín de Aram (Damasco) y del hijo de Remalías (Israel). Porque Aram ha tramado mal contra ti, junto con Efraín y el hijo de Remalías, diciendo: “Subamos contra Judá y aterroricémosla, hagamos una brecha en sus murallas y pongamos por rey en medio de ella al hijo de Tabeel”. Por tanto, así dice el Señor Dios: “No prevalecerá ni se cumplirá. Porque la cabeza de Aram es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rezín (y dentro de otros sesenta y cinco años Efraín será destrozado, dejando de ser pueblo), y la cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria es el hijo de Remalías. Si no creéis, de cierto no permaneceréis” ».

Is 7,4–9

Dios muestra cómo los poderes del mundo, sean cuales sean, están siempre supeditados a la victoria de Dios. La cabeza de los pueblos poderosos no pueden prevalecer frente a Dios, que es la cabeza de su pueblo. Si la gente de su pueblo no cree, entonces no permanecerá, no estará firme.

¿Y cómo vino YHVH en Jesús? Como Dios salvador. Aquél que hará su voluntad de salvar, convocar, y sanar, de destrozar al enemigo final del hombre, la muerte y separación de Dios.

Quebrantaos, pueblos, que seréis destrozados;
prestad oído, confines todos de la tierra;
ceñíos, que seréis destrozados;
ceñíos, que seréis destrozados.
Trazad un plan, y será frustrado;
proferid una palabra, y no permanecerá,
porque Dios está con nosotros. 

Is 7,9–10

Jesucristo, vino con todo el poder de Dios a ser signo de contradicción. Es El Santo, en carne y hueso caminando por las calles de Judea, y muchos de los suyos no lo recibieron, no le temieron, no les causó terror la misericordia de Dios y tropezaron. Igual que todos aquellos que temieron a los hombres y no a Dios.

Pues así me habló el Señor con gran poder y me instruyó para que no anduviera en el camino de este pueblo, diciendo:
No digáis: «Es conspiración»,
a todo lo que este pueblo llama conspiración,
ni temáis lo que ellos temen, ni os aterroricéis.
Al Señor de los ejércitos es a quien debéis tener por santo.
Sea Él vuestro temor,
y sea Él vuestro terror.
Entonces Él vendrá a ser santuario;
pero piedra de tropiezo y roca de escándalo
para ambas casas de Israel,

y lazo y trampa para los habitantes de Jerusalén.
Muchos tropezarán allí,
y caerán y serán quebrantados;
serán enlazados y apresados.

Is 8,11–15

Para aquellos que andaban en tinieblas pero acogieron la misericordia de Dios, aquellos que se veían oprimidos por cualquier poder, terrenal o espiritual, para ellos es el tiempo de alegría y gozo, Dios ha venido en Jesucristo.

El pueblo que andaba en tinieblas
ha visto gran luz;
a los que habitaban en tierra de sombra de muerte,
la luz ha resplandecido sobre ellos.
Multiplicaste la nación,
aumentaste su alegría;
se alegran en tu presencia
como con la alegría de la cosecha,
como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín.
Porque tú quebrarás el yugo de su carga, el báculo de sus hombros,
y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián.
Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla,
y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado,
y la soberanía reposará sobre sus hombros;
y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,
Padre Eterno, Príncipe de Paz.
El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin
sobre el trono de David y sobre su reino,
para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia
desde entonces y para siempre.
El celo del Señor de los ejércitos hará esto.

Is 9,2–7

Es notable como ese “niño” del que habla la profecía, se presenta más que un hombre, como Dios poderoso, Padre Eterno, Príncipe de la Paz. Como un Rey del cual su reinado no tendrá fin jamás.

¿Y a los poderosos, a los ricos, a los seguros en sus fortalezas terrenales, a los injustos, a los inicuos, qué les depara?

¡Ay de los que decretan estatutos inicuos,
y de los que constantemente escriben decisiones injustas,
para privar de justicia a los necesitados,
para robar de sus derechos a los pobres de mi pueblo,
para hacer de las viudas su botín,
y despojar a los huérfanos!
¿Y qué haréis en el día del castigo,
en la devastación que vendrá de lejos?
¿A quién huiréis por auxilio?
¿Y dónde dejaréis vuestra riqueza?

Solo queda encorvarse entre los cautivos
o caer entre los muertos.
Con todo eso no se aparta su ira,
y aún está su mano extendida.

Is 10,1-4

Casi a final de estos bellos y poderosos textos, se nos habla del mesías, de Cristo. Con versos poéticos vemos en ellos una imagen del cieloresurrección, como el lugar donde el espacio de Dios y el espacio del hombre se unen… Y ya no hay maldad porque “la tierra estará llena del conocimiento de Dios”

Y brotará un retoño del tronco de Isaí,
y un vástago de sus raíces dará fruto.
Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de poder,
espíritu de conocimiento y de temor del Señor.

Se deleitará en el temor del Señor,
y no juzgará por lo que vean sus ojos,
ni sentenciará por lo que oigan sus oídos;
sino que juzgará al pobre con justicia,
y fallará con equidad por los afligidos de la tierra;
herirá la tierra con la vara de su boca,
y con el soplo de sus labios matará al impío.

La justicia será ceñidor de sus lomos,
y la fidelidad ceñidor de su cintura.
El lobo morará con el cordero,
y el leopardo se echará con el cabrito;
el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos,
y un niño los conducirá.
La vaca y la osa pacerán,
sus crías se echarán juntas,
y el león, como el buey, comerá paja.
El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra,
y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora.
No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte,
porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor
como las aguas cubren el mar.

Is 11,1-9

Ahora, solo nos queda como lo hizo María en el Magnificat… Alabar y dar gracias a Dios, porque merecíamos estar lejos de Él, que es la vida, y nos ha rescatado. Ha venido a salvarnos, ha quitado su ira sobre nosotros y ha pagado toda la deuda el mismo, por puro amor…

Y en aquel día dirás:
Te doy gracias, oh Señor,
porque aunque estabas airado conmigo,
se ha apartado tu ira
y me has consolado.
He aquí, Dios es mi salvador,
confiaré y no temeré;
porque mi fortaleza y mi canción es el Señor Dios,

Él ha sido mi salvación.
Con gozo sacarás agua
de los manantiales de la salvación.
Y aquel día dirás:
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
haced conocer entre los pueblos sus obras,
haced recordar que su nombre es enaltecido.
Cantad alabanzas al Señor, porque ha hecho cosas maravillosas;

sea conocido esto por toda la tierra.
Clama y grita de júbilo, habitante de Sión,
porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.

Is 12,1-6

Dar gracias, invocar su nombre, hacer conocer entre todos sus obras y recordar lo que ha hecho por nosotros. Si leemos de nuevo el Evangelio de Mateo, y traemos a la memoria todos estos versos que hemos visto de Isaías, podremos comprender con mayor profundidad lo que Dios hizo en Cristo Jesús. Lo que Mateo, Juan, Pedro, Andrés y todos los apóstoles vieron en la historia. Lo que “tocaron” con sus propias manos: a Dios, salvando, salvándonos… En carne, hueso y sangre. Viendo el rostro de Dios, cara a cara y llamándolos por sus nombres. Conquistando nuestros enemigos por nosotros.