jesus-es-dios-con-nosotrosEl deseo nace del corazón. Cuando una niña ve volar por los aires a las campeonas de gimnasia exclama: ¡Yo quiero hacer eso! Cuando un joven ve a los mejores jugadores de fútbol hacer cosas increíbles con el balón, su emoción no puede hacer otra cosa más que querer ser algún día el mejor jugador de fútbol del mundo.

Es cierto que para lograr eso deberán sacrificarse mucho, trabajar, entrenar, estudiar, dedicarse… es verdad que será algo complicado, pero jamás apagamos su deseo recordándoles eso, los dejamos soñar, los llevamos a entrenar y solos irán entendiendo los sacrificios… pero ya es muy tarde para echarse para atrás, están enamorados del juego. Y es que así debe ser, las reglas, la disciplina, los entrenamientos, los cambios que deberán aplicar en su vida son secundarios, son una consecuencia para lograr algo que aman.

¿Por qué entonces los Católicos iniciamos una proclamación siempre con las reglas, las exigencias, el entrenamiento, las consecuencias secundarias, en vez de enamorar con la verdad, belleza y asombro de nuestro Dios?

El Papa Francisco nos exhorta en Evangelii Gaudium:
“Es bueno que toda catequesis preste una especial atención al «camino de la belleza». Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús. No se trata de fomentar un relativismo estético, que pueda oscurecer el lazo inseparable entre verdad, bondad y belleza, sino de recuperar la estima de la belleza para poder llegar al corazón humano y hacer resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado. Si, como dice san Agustín, nosotros no amamos sino lo que es bello, el Hijo hecho hombre, revelación de la infinita belleza, es sumamente amable, y nos atrae hacia sí con lazos de amor”

¡Ese es el camino! Los Santos no querían la santidad porque amaran las restricciones, las leyes, las consecuencias de la Fe. Abrazaron todo eso porque amaban a Dios, amaban a Jesucristo, porque amaban la belleza, el misterio, la grandeza, el amor contenido en la Trinidad y su proyecto de salvación para el hombre.

Cuando alguien ve a otra persona llena de fe, alegría, pasión, entusiasmo, cuando lo ve anunciar el poder de Dios con nosotros, cuando lo ve soportar las peores tribulaciones, cuando lo ve perdonando incluso al enemigo, cuando percibe sus convicciones y su amor por la vida, por todos, cuando lo ve vivir con fuego el Kerigma, cuando ve que viste al desnudo, alimenta al hambriento, da de beber al sediento, y visita al que sufre, al que está encarcelado… tarde o temprano exclamará: ¡Yo quiero hacer eso! ¡Ser eso!

«(El Kerigma) …es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos» (Evangelii Gaudium)

El Kergima, anunciar a Dios, al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, al Dios de nuestros abuelos, nuestros padres, ¡nuestro Dios! Proclamar un Dios tan cercano que se hace hombre por el hombre. Que se precipita al abismo de nuestro caos y de nuestra tribulación, carga con ello, nos acompaña, desciende hasta la muerte y conquistándola resucita, no para Él, sino para nosotros, para nuestra naturaleza ahora “encarnada” de lo divino, preñada de eternidad, engendrando y dando a luz a la verdadera vida que es aquella donde caminamos en los pasos de Dios hecho hombre.

“Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios” (San Atanasio de Alejandría) El Kerigma es la asombrosa noticia de que Dios nos creó para que seamos como Él… quiere que seamos participes ya aquí de su Santidad, de su divinidad, de su asombrosa compañía. ¡Quién puede rechazar la belleza, la verdad y la sobreabundante justicia de este anuncio! Nadie… quién ama esto puede hacer lo que sea, pisar fuego, caminar entre leones, pasar hambre, persecución, abstinencia, sacrificios, cualquier reto es nada, cualquier objetivo es agua, todo es posible, todo se espera, todo está impregnado de la inmensa alegría de quién por fin entendió que Dios, es con nosotros.