¿QUÉ ES LA BIBLIA? La Biblia trata de la historia de la relación entre Dios y el ser humano, desde el principio hasta el final de los tiempos. ¿Cómo conocemos esta historia? Porque Dios nos la ha revelado. [1]

La Biblia (biblioteca) es un conjunto de libros escritos a través de los siglos por la pluma del pueblo hebreo primero (Antiguo Testamento) y por los apóstoles y la Iglesia que siguieron a Jesucristo después (Nuevo Testamento).

Lo apasionante de este conjunto de libros es que narran la Historia Sagrada, el encuentro del hombre con Dios y la incansable búsqueda y persecución de Dios por el hombre. En esta Historia Sagrada Dios prepara un pueblo, lo salva, lo instruye, le revela verdades y realidades, lo corrige a través de sus profetas y de las señales en su historia. Esta revelación llega a su punto máximo con la encarnación de Dios en Jesucristo, Dios mismo caminando entre nosotros.

¿POR QUÉ LEER LA BIBLIA? Porque ahí encontrarás todas las respuestas que alguna vez te has planteado. ¿Quién es el hombre? ¿Cuál es su razón de existir? ¿Qué es el mal? ¿Qué es el pecado? ¿Qué es la felicidad? ¿La muerte? ¿Qué significa vivir? ¿Por qué me creó Dios? ¿Qué espera de mi? Son preguntas que se entretejen en toda la Biblia.

El Creador de todo lo que existe, tu creador, que te conoce, te ama y te llama por tu nombre… ese Creador se ha revelado al hombre en toda la Historia Sagrada, la historia que está escrita en la Biblia. No solo eso, sino que Dios mismo en un acto supremo, inesperado y completamente desconcertante, se encarna, se hace hombre, baja y pone sus pies en esta tierra y camina con nosotros. Aún más, suceden cosas que escapan por completo nuestra comprensión, haciendo más grande el misterio de la encarnación, me refiero a los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Toda esa grandeza, que supera los enigmas más grandes que el hombre se pudo haber planteado, todo ese desborde y sobreabundancia de realidad están ahí, narrados, esperando que te sientes a la escucha y comprendas, conozcas quién es Dios y quién eres tú.

¿Cómo podrías conocer a Dios, cómo podríamos conocer qué es la vida, qué es la muerte, cuál es el significado de todo lo que existe, si Dios mismo no nos lo revela? Eso es lo que sucedió con Dios. Él tomó la iniciativa de revelarnos cosas que jamás hubiéramos podido conocer de otra manera, y esa revelación es la que está contenida en la Biblia. [1]

¿CÓMO ENTENDER QUE LA BIBLIA ES PALABRA DE DIOS? «Lo revelado por Dios, que se contiene y manifiesta en la Sagrada Escritura, fue consignado por inspiración del Espíritu Santo. La Santa Madre Iglesia, conforme a la fe apostólica, tiene por santos y canónicos todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, puesto que, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales le han sido entregados a la propia Iglesia. Pero en la realización de los libros sagrados, Dios eligió a unos hombres, a quienes recurrió utilizando ellos sus propias facultades y capacidades, de modo que, obrando él en ellos y por ellos, transmitieron como verdaderos autores, todo y sólo lo que él quería.» (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 11)

La Palabra de Dios está “encarnada” en la Biblia. Imagina que puedes regresar el tiempo y te conviertes en testigo presencial de la vida de Jesucristo. Lo que tú verías sería a un hombre extraordinario, hablando arameo, no español, para poderlo entender deberías ser un experto en el idioma, y una vez que hayas sido un experto en eso, debes entonces comprender los esquemas mentales de la época, sus giros culturales, sus formas de vivir y hablar. Porque Jesús no solo hablaba arameo, sino en parábolas y usaba términos conocidos por sus contemporáneos, “Hijo del Hombre”, “Mesías”, “Reino de Dios”, además era experto en las escrituras.

Al Hijo de Dios, el Cristo, Jesús, no lo podemos entender sin mediaciones, sin un conocimiento previo, su revelación está encarnada, es tan divina como humana con todo lo que encarna esa humanidad.

De la misma manera la Palabra de Dios esta “encarnada” en la Biblia. No la podemos entender sin que alguien la haya traducido a nuestro idioma, tampoco podemos entenderla si no nos metemos en el contexto humano, cultural, social, mental de quién escribió cada Libro Sagrado, porque la Palabra de Dios fue escrita —la entintación— de la mano de hombres de su tiempo, con sus lenguajes, sus moldes mentales, sus conocimientos, su manera de relacionarse con el mundo, el universo y el mismo Dios.

De la misma manera que no puedes separar la humanidad de la divinidad de Jesucristo, no puedes separar la humanidad de la divinidad de la Palabra de Dios. La Biblia es Palabra de Dios porque ahí está el testimonio de aquellos que Dios eligió fueran sus testigos, primero el pueblo Hebreo, y luego la Iglesia Católica.

¿CÓMO INTERPRETAR ENTONCES LA BIBLIA? La Biblia se lee en la misma comunidad que la escribió, en la Iglesia, que fue la testigo de los pasos de Dios sobre la tierra. «Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí – que quiere decir, “Maestro” – ¿dónde vives?”» (Jn 1,38). Fueron los apóstoles, sus discípulos que vivieron con Él, los que enseñaron y proclamaron toda la gloria descrita en el NT: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó, lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo» (1Jn 1-4). Es en el seno de la comunidad apostólica que continúa hasta hoy en la Iglesia Católica, donde puedo encontrar la fe que interpreta la palabra.

Esto no significa que la Iglesia (nosotros que somos parte de ella) tenga una interpretación única y absoluta sobre cada pasaje.

La interpretación de cualquier texto (también de la Biblia, que es un texto), es algo que siempre está «en hacerse», que nunca «está hecho»: si hubiera interpretaciones fijas y definitivas sobre un texto, tiraríamos el texto (que es difícil) y nos quedaríamos con la interpretación, que se supone más clara. La Iglesia nunca ha dado ninguna interpretación definitiva sobre ningún versículo de la Biblia, lo que hace es leer la Biblia, y tratar de vivirla, de llevarla a la oración, de releerla por medio de la liturgia, de llevarla a su acción: la interpretación de la Biblia en la Iglesia es la vida misma de la Iglesia. La tarea «técnica» de comprender mejor la Biblia desde el punto de vista de su escritura, su estilo, sus géneros literarios, etc. es algo que la Iglesia confía -y ha confiado siempre- a los exégetas, que no son personas particulares, sino miembros de la Iglesia, gente que estudia, tiene competencias para hablar dentro de su campo, y puede decir cosas autorizadas sobre los textos. La Iglesia no sabe sobre los textos bíblicos, desde un punto de vista literario, más que lo que saben sus estudiosos, no ora más que lo que oran sus orantes, no trabaja más que lo que trabajan sus miembros activos, etc. La Iglesia no es una entidad abstracta independiente de la vida de la Iglesia [2]

Por eso es siempre importante orar, estudiar, leer, interpretar y conversar la palabra junto con otros creyentes, junto con toda la Iglesia.

¿CÓMO COMENZAR A LEER LA BIBLIA? Inicia con los Evangelios. Un buen comienzo es el Evangelio de San Marcos, luego San Lucas, para seguir con San Mateo y San Juan. Léelo de corrido y no saltando partes.

En todos los casos inicia leyendo la introducción de dicho libro. Asegúrate de tener una buena Biblia Católica, las cuales contienen estás introducciones y notas.

Lee diario, aunque sea 5 minutos o una decena de versículos. Si tienes tiempo lee primero de corrido lo que vayas a leer ese día y luego vuelve a leer pero repasando las notas que vienen al píe de página (puede ser una lectura en la mañana y otra en la noche o al día siguiente). Ten a la mano una libreta donde puedes anotar alguna frase que te haya llamado la atención, preguntas, palabras que no entiendes o reflexiones que te lleguen mientras vas leyendo.

Pero siempre es importante independiente de las notas leer con calma y profundidad lo que se dice ahí, como dice el Padre Luis Alonso Schókel† “El mejor momento del comentario es cuando el lector lo deja en la parte inferior de la página para entenderse a solas con el texto. Es la hora de la verdad y de la vida”

[1] Desempolva tu Biblia, Alejandra María Sosa Elízaga
[2] Abel Della Costa, ElTestigoFiel.org